jueves 23 de julio de 2009


Volvió a reír, y siguió riendo desbocado mirándola de reojo, estirando la tenaza cariñosa de su brazo para apresar sus hombros de queltehue: Y las risas de ambos se confundieron en el viento tibio que dejaron atrás. El resplandor de los aromas pasaban fugados a morir en sus espaldas, dejando pétalos tirados al viento. Parecen mariposas, dijo ella con un dejo de tristeza, y encendió el reproductor para no llorar, para huir de allí. Él no se movió, sonriendo, dichoso como siempre cuando estaban juntos. Esa intimidad que compartían hacía algunos meses, seguía pareciendole una sorpresa prodigiosa. La conocía en sus más sutiles secretos, no tenían misterio para él sus ojos de humo que se humedecían agradecidos al realizar el inventario de su amor, tantas veces la había recorrido, que podía dibujarla de memoria y estaba seguro que cuando quisiera podría evocar esa geografía; pero cada vez que la tenía entre sus brazos lo embargaba la misma emoción sofocada del primer encuentro.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada