Sentí un sollozo sacudiéndome entera y luego otro y otro más hasta que me arrastró a una marea incontenible de llanto acumulado. Lloré y lloré, entregada, abandonada, segura en esos brazos como no recordaba haberlo estado desde cuando era menor. Un dique se rompió dentro de mí y ese dolor se desbordó como nieve derretida. Él no me hizo preguntas ni intentó consolarme, me sujetó firmemente contra su pecho, me dejó llorar hasta que se me acabaron las lágrimas. En ese momento yo no tenía explicación alguna, habría tenido que inventarla, pero ahora sé- porque ha ocurrido en otras ocasiones- que al sentirme absolutamente a salvo, abrigada y protegida me da por recordar el tiempo en el que sucumbí a la soledad. Creo que la confianza creó entre ambos un vínculo indisoluble, que nos ayuda a soportar las turbulencias de la vida. Aunque sea un mal necesario, hechizo, me cambie de Canal, juegue con mi cara, pelo, guata :$, sea medio sensible una vez al mes, Lo amo (...)
Eran las diez de la Noche anterior, el cansancio barría conmigo. No solo los árboles gimen y lloran bajo la carga de la pena, también yo. Hubiera querido en ese instante, abrazarlo, estrecharlo para cobijar así su infante y existencial decepción. Ser como un árbol para brindarle la sombra fresca de mi tibio amor. Creo que soy incorregible y ya no puedo cambiar: A él lo llevaré donde vaya mientras dure su recuerdo y en una ráfaga de viento pondré mi vida a sus pies y no lo sabrá hasta el fin y ese instante lo perseguirá por el resto de su vida para decirle que alguien lo ama intensamente, solo un instante. Lo más probable es que este delirando al comunicar semejantes impresiones, pero no puedo evitarlo, me gustaría comunicarle que lo amo y que el amor que profeso es persistente. Después, tal vez, quizás lo olvide, cuando mi corazón vagabundo vuelva a su soledad patológica. Por ahora, no quiero pensarlo, considero que queda mucho amor para seguir explotando. Hay que entender que no todo se borra con un después, no todo sucumbe en el teatro formal de la despedida, no siempre uno se queda mirando la otra mitad del mundo y evita mirar atrás para que no lo traicione el paisaje de la asolada partida. Digamos que la inspiración de estas letras es un hombre maduro, con huellas de juventud en su expresión, de pelo y ojos castaños y un aspecto distraído, pero resuelto. A pesar de los distintos planos de su mirada, la resolución en el inequívoco brillo de sus pupilas es evidente. Me sorprende el modo en que la determinación adulta en sus ojos convive con una energía juvenil. Es un rostro limpio pero cansado. Un poco inaccesible, tal vez. No se logra entender indicio alguno de ansias de agradar, ni un anuncio siquiera. Y en su expresión no se lee ni el bien ni el mal, pero cuando me mira, logró saber lo que esta pensando. Habla con el tono de quien supone que todo el que lo escuché le dará la razón, como si no hubiera verdad posible lejos de la suya y eso me hace gracia. Compartímos un elemento crucial: Soportar mal la vida pública, él se cansa de sí mismo con enorme facilidad, como yo. En ese sentido, no es egocéntrico. Él me gusta. Yo siempre he pensado que la locura no cabe en este mundo, pienso que si le diera cauce a la mía, me señalarían como una disociada, un elemento perturbador sin ningún encanto que solo daña a los que están a mi alrededor; nadie me rescataría, salvo él. La confianza creó entre ambos un vínculo indisoluble, que nos ayuda a soportar nuestros miedos, instalado en nuestras vidas como una presencia maldita. Yo soy pasional, entonces los celos, inevitablemente, han marcado parte de mi repertorio sentimental. Los celos deben venir del lado oscuro, son masoquista y producen pudor y verguenza. Cuando los experimento siento como la sangre se vuelve más caliente y es casi irrisorio puesto que es un estado del que nada ni nada puede sacarme. Son una neurosis, son una cosa mental, un instinto animal de querer marcar territorio, es un sentimiento primitivo al igual que el amor. Yo lo amo. -
Volvió a reír, y siguió riendo desbocado mirándola de reojo, estirando la tenaza cariñosa de su brazo para apresar sus hombros de queltehue: Y las risas de ambos se confundieron en el viento tibio que dejaron atrás. El resplandor de los aromas pasaban fugados a morir en sus espaldas, dejando pétalos tirados al viento. Parecen mariposas, dijo ella con un dejo de tristeza, y encendió el reproductor para no llorar, para huir de allí. Él no se movió, sonriendo, dichoso como siempre cuando estaban juntos. Esa intimidad que compartían hacía algunos meses, seguía pareciendole una sorpresa prodigiosa. La conocía en sus más sutiles secretos, no tenían misterio para él sus ojos de humo que se humedecían agradecidos al realizar el inventario de su amor, tantas veces la había recorrido, que podía dibujarla de memoria y estaba seguro que cuando quisiera podría evocar esa geografía; pero cada vez que la tenía entre sus brazos lo embargaba la misma emoción sofocada del primer encuentro.
Evocando su inquieto mirar de pendejo y peregrino por esas calles, por los cementos ardientes de la calle estival, cuando lo veia venir a ese punto de encuentro en esa banca roñosa caracoleando la vereda con su vaivén. Recuerdo divisarlo apurado caminando directo hacia mí. En la Avenida a todo sol, a todo calor, ese verano lo conocí.
Y además recuerdo a las seis de la tarde, cuando me relajaba de un intenso día, el teléfono que llama, el teléfono que grita su nombre, y así nos cruzamos en esta maraca ciudad, y pronto las cervezas balticas y prontos los pitos y los cigarros Malaga y más tarde que caímos al pasto de esa plaza medio muertos escuchando Armonía de Amor de Gondwana, medio volados por ese encuentro fortuito donde nos contamos todo, donde nos dijimos todo atropelladamente. Allí me contó entre quemada y quemada el patiperrear de sus cortos años en busca de alguna esperanza, jamás pensé que él sería la persona que me acompañaría en los meses siguientes.
Ese amor suave e incondicional actuó como un bálsamo y fue lentamente curándome del rencor. Pude comprenden los sentimientos y la fatalidad inexorable de estos; Nuestro amor debía ser una fuerza telúrica, un terremoto que nos arrastró sin remedio. Recordé como luchamos contra aquella atracción antes de sucumbir a ella, cuántos tabúes debimos vencer para estar juntos.
Aunque sea un mal necesario, un eterno niño de 20 años, que a veces es medio basuro, me cambie el canal cuando quiero ver Disney Chanel, me saque celos. Sabe que lo quiero y que estaré ahí cada vez que me necesite.
# Tenemos proyectos que se marchitaron, crímenes perfectos que no cometimos, retratos de novios que nos olvidaron, y un alma en oferta que nunca vendimos. Más de cien palabras, más de cien motivos, para no cortarse de un tajo las venas, más de cien pupilas donde vernos vivas, más de cien mentiras que valen la pena.
Me dijo que yo era su alma, que no quería quererme y que por esas cosas de la vida ya no quería estar sin mí. No es de esos hombre sque se prodiguen en frases bonitas, es más bien tosco y aborrece los sentimentalismos, por eso cada palabra suya, me dida, pensaba, me cayó encima como una gota de lluvia. Comprendí que el también había entrado en esa zona de la más secreta entrega, él también se había desprendido de la armadura como yo. Acostumbré a escribir sobre el amor romántico, ese que todo lo da, sin escatimar nada. Porque siempre supe que existía, aunque tal vez nunca pueda estar a mi alcance. He querido a otros hombres, pero apun así en las pasiones irracionales me cuidé las espaldas. Cuando nos conocimos, acordamos que yo me las arreglaría sola. No con esas palabras, pero quedóe ntendido. Seríamos compañeros, eso de compañeros ahora me suena a guerrilla. Me gustaría probar que se siente ser el sexo débil sin pudor(para variar un poco). Él me conoce más que yo misma y así y todo me quiere. Nos tenemos el uno al otro; es para celebrarlo.
Me di cuenta que no se trataba de una aventura de la carne; lo que nos unía era un amor probado, dispuesto a correr todos los riesgos y arrastrar en su paso cuanto obstáculo se pusiera por delante, como un inexorable río de lava ardiente.No soy mujer de lágrima fácil, pero en esa ocasión él me vio llorar y no intentó consolarme, sólo me acarició con esa ternura distraída que algunas veces empleaba conmigo. Su perfil parecía de piedra, la boca dura, y la mirada fija en el cielo. Confesó que me había echado de menos, que cada vez le costaba más alejarse de mí, aunque fuese solo por unos días. Lo miré y me pareció tan guapo, tan fuerte, tan mío...D(L)
Y prefiero pensaar que no te dolerá nada el término de esta historia y también prefiero guardar la esperanza y quedarme con el consuelo de que me recordará pasar fugazmente por su vida. Ese es el camino fácil, el otro es arriesgarme a pensar en lo que podría ser . En algún momento ese deseo femenino de entregarse y sufrir me resultó patético, fue justamente lo que detesté más de mi género, quizás por eso me gustaba tanto estar con él, quién tenía la misma desfachatez para reírse ante los sentimentalismos. Me siento pequeña, sola y vulnerable y me hubiera gustado compartir ese silencio lunar con él. A partir de eso asumo el miedo con ánimo burlón para ahorrarme inquietudes inútiles, me entrego a mis emociones limpiamente, haciendo pleno uso de mi libertad. Pero en mi interior existe un reducto de pudor ante aquellas flaquezas que me resultan intolerables en los demás e inadmisibles en mí. Ese terror descubierto en mi propio espíritu me llena de bochorno e intento ocultarlo. Es un temor profundo, totalitario, que en nada se semeja al susto esencial que enfrenté veces anteriores y del cuál me defendía con risa. No finjo valor ante aquellos espantos simples. Sin embargo me averguenza ese sentimiento nuevo adherido a mi piel y es hora de que deje de divagar y escriba algo concreto. Lo concreto es: Por hoy necesito que estés aquí para que me reconfortes con un abrazo. -
Desde que puedo recordar, me ha atormentado la misma pesadilla. Las imágenes de ese sueño pertinaz se quedan conmigo durante horas, malográndome el día y el alma. Siempre en la misma secuencua: Camino por las calles vacías de una ciudad muchas veces desconocida y exótica, voy de la mano de alguien cuyo rostro nunca logró vislumbrar, sólo veo sus piernas. Mi pesadilla es blanco y negro, silenciosa e inapelable, tiene una cualidad eterna. Supongo que ya poseo suficiente información para conocer las claves de su significado, pero no por eso ha dejado de atormentarme. Por culpa de mis sueños, soy diferente, como esa gente que a causa de un mal nacimiento o deformidad debe realizar un esfuerzo constante para llevar una vida normal. Ellos lucen marcas visibles, la mía no se ve, pero existe, puedo compararla con ataques de epilepsia, que asaltan de repente y dejan una estela de confusión. Nada me garantiza un sueño apacible, salvo la buena compañía. Dormir abrazada es, hasta ahora, el único remedio seguro. Debería buscar un hombre, como me aconseja todo el mundo, me río cuando mis amigos me miran con lástima, porque sé que envidian mi independencia. No estoy sola, tengo un amor secret, sin ataduras, ni condiciones, motivo de escándalo en cualquier parte, pero sobre todo aquí, donde me tocó vivir. Me gustaría tener hijos, eso sí, pero he aceptado finalmente que nunca seré madre ; soy fértil en otros aspector. Pero no corresponde hablar de los hijos que no tendré o de mi amante. -
Me dispuse a celebrar el amor y la complicidad que compartíamos, sin pensar en el futuro, en chismes, verguenza o pecado. Eramos amantes y amigos. Solíamos discutir a gritos, porque ninguno de los dos tenía temperamento manso, pero eso nunca logró separarnos. Él me dio estabilidad. Esa convicción tan profunda de pertenencia; ¿Pertenecerle a alguien? ¿Sabes lo que es no pertenecerle a nadie?. Pero ahora pertenezco a él, a sus brazos. Los primeros días se nos fueron en un suspiro, contándonos nuestro pasado y amándonos en un torbellino, una entrega que nunca alcanzaba a ser suficiente, un deseo demente de fundirnos en el otro. Nada tenía de vulnerable o inocente. Era más bien intimidante, pura energía... Como un ciclón contenido-
Ese hombre sería mío porque así estaba escrito desde el comienzo del mundo. -
Y en nuestras encuentros furtivos me decías que no puedo pensar en ti, que estaba prohibido sentir, que ni siquiera pensara en que te tengo o que podrías tenerme. Y me miras, y sé que estás haciendo el intento por renunciar y de ponerte una venda en tus ojos para no captar lo que está ocurriendo entre nosotros. Y sé que suena ridículo, y me miras a los ojos y me regañas, y al mismo tiempo me proteges, y me vuelves a mirar, y me estremeces, y me comprendes, y me escuchas, y me gustas, y me cuestionas. Me aceptas, y mientras me miras, yo también lo hago, y descubro lo que está pasando. ¿Sabes por qué? Porque siento lo que tú estás sintiendo, cuando te beso la mejilla y tú nervioso, me apartas, te alejas y me sonríes, y me miras y me repites esa negativa rotunda, y me inclino hacia ti y te vuelvo a besar porque no te das cuenta, pero te contradices. Aunque cada vez que puedes me reprochas que en esta relación no puede haber cariño, pero ese beso revela un no te vayas, quedate aquí conmigo, te necesito. Y si pudieras leer esto y te dan ganas de reírte, puedes hacerlo, pero avisame para reirnos juntos y aprovechar esa instancia de sentirte cerca.Aunque te alejes cada día un poco más de mí y sea el principio de algo que no ha empezado (y tampoco nunca lo hará), pero que, sin embargo, ya acabó. Hoy más que ayer te extraño y me siento rara extrañandote, porque aunque no hay nada, lo sentimos todo. -
Solo la proximidad de él me llevaba a extremos insospechados, a hacerme olvidar todas mis preocupaciones. Ese hombre tenía la facultad sobrenatural de borrar con sus besos lo que otros dejaron en mí. Junto a él solo existía el presente. Palpaba su cuerpo, el vello áspero de su pecho, la fuerza de su abrazo, la firmeza renovada de su sexo. La relación con los otros estuvo teñida de rencores acumulados y rechazos involuntarios. La verdad es que no deseo recordar promesas inútiles. Nunca me dijo Te Quiero, sino me gustas, me siento bien a tu lado, quiero hacer el amor contigo. Era pródigo en la cama, ocupado de brindarme alegría, satisfacer mis múltiples caprichos e inventarme nuevas urgencias. -
Siempre me pregunto lo mismo: ¿Qué será morir? ¿Qué habrá del otro lado? ¿Será solo noche y silencio?. Se me ocurre que morir es como una flecha en la oscuridad hacia el firmamento, un espacio infinito, donde deberé buscar a mis seres amados uno por uno que con los años y dependiendo de las circunstancias dejaron el mundo que compartiamos. Me asombra que ahora cuando pienso en la muerte, aún tenga deseos de satisfacer todas mis ambiciones. Debe ser el puro orgullo de querer dejar memoria de mí. Sospecho que en esta vida no vamos a ninguna parte, y mucho menos apurados; Se camina solamente, un paso cada vez sucesivamente, hacia la muerte. -
A decir verdad le temo al compromiso; De hecho, prefiero aferrarme a la silueta de mi amante y dissfrutar los encuentros furtivos con él a la rutina de una vida en común, al cansancio de un matrimonio y a la pesadumbre de envejecer juntos compartiendo las penurias de fin de mes, el mal olor de la boca al despertar, el tedio de los domingos y los achaques de la edad. Le temo a la rutina. -
Me considero una transeúnte de la vida, siempre de paso, permanezco de pie balancéandome de un lado a otro incapaz de estar quieta, mi vista se pierde en la lejanía, cambio de tema bruscamente en medio de la conversación, preguntó y no me detengo a oír las respuestas, me pongo a divagar en vez de atenerme al relato de mi vida. Cada día me cuesta más centrarme en los hechos, porque me distraigo. Solo frente a él adquiero contornos fijos. -
Echaba de menos sus manos, su olor, su espalda fuerte, su cabello en la nuca, sus caricias, el roce de su barba, el soplo de su aliento en mis orejas cuando estabamos juntos en la oscuridad. Era tanta la necesidad de estrecharlo. Definitivamente, hoy no ha sido un buen día para mí. Supongo que presentí la desgracia, pero no la formulé en palabras por orgullo. No quise que nadie me viese humillada. No lloré, porque en realidad no sentía tristeza. Era un sentimiento ajeno a mí, bordeaba lo patético y es posible que nadie más que yo lo hubiese entendido. Resulta dificil comprender lo que me pasa. Dormí para no pensar tanto y desperté con el estomágo revuelto y el pensamiento confuso. -
Ahora solo quiero apoyar la cabeza en tu hombro y rogarte que me cobijes, como se supone que hacen los hombres con las mujeres cuando realmente las quieren. Nunca habría admitido ese anhelo que me ampares y me protejas ¡Qué absurdo! Imagínate, esto contradice toda una vida de feminismo. -
Me miro al espejo y parezco un fantasma deslucido descansando en la poltrona de alguna terraza. Ciertamentee parezco un alma de otro tiempo, hablando sola, masticando el aire, tal vez recordando años lejanos e que todo era de otro color o buscando en mi memoria los nombres de antiguos contertulios. Y el recuerdo de mi pasado es como internarse en un laberinto y a veces, no consigo reconocer un lugar, un suceso o un ser querido y situarlo en la niebla. Como consuelo no quiero perder nunca mi inagotable imaginación, entretenida en mis propias fantasías carezco de tiempo y ánimo para ocuparme de las pequeñeses de la existencia. En mis recuerdos no hay caos, los almaceno en perfecto orden y soy feliz hurgándolos. En este aspecto tengo mejor suerte que los ancianos, a quienes la falta de memoria borra episodios del pasado y crea el pánico de no haberlos vivido. -
El sentido común me dice que él no es para mí, que el final será triste y ahora es el momento de romper y correr. Pero analizo que sentido tiene preguntarme tanta barbaridad junta, si el final será triste, si sufriré, si compartimos cosas en común, si nos entendemos de maravillas, si nuestros astros nos favorecen. Es mi compañero y lo quiero. Yo soy suya; él es mío, el resto es palabrería. Entonces, no hay nada más que decir. -
Me gustó su risa espontánea, su actitud segura, sus manos elegantes. A veces parecía que se tragaba todo el aire, que ocupaba todo el espacio. Se notaba que había vivido y sufrido; llorado y reído, pero parecía invulnerable ¿y yo? ¿Qué vio él en mí cuando nos conocimos?. También yo me miraba con el filtro compasivo de la costumbre. -
Me revienta la idea del karma. Creer en el ya es bastante limitante, pero el karma es mucho peor, o por lo menos así lo creo yo, porque se remonta a mil vidas anteriores, y a veces uno tiene que cargar también con las fechorías de los antepasados. El destino se puede cambiar, pero para limpiar el karma se requiere toda una vida, y tal vez eso no sea suficiente.
Intentando contener el inminente miedo, un nudo en la garganta que aprieta fuerte. Me pregunto que sentido tiene herir, rumorear, hacer sentir mal u opacar. Las dudas nublan el alma y fácilmente ensucian el corazón. Bien sabido es que existe un antes y un después, deseamos ser una vivencia inolvidable, una realidad sin comparación, un futuro deseoso y lleno de amor, pero pareciera que siempre habrá gente con malas intenciones que busque opacar tu felicidad; Entonces, es importante imponer barreras para que el entorno no nos desenfoque. ¡Vivamos & dejemos vivir!
Deseo ser lo más fiel a la verdad posible, pero la memoria es siempre caprichosa, fruto de lo vivido, lo deseado y la fantasía. La línea que divide la realidad de la imaginación es muy tenue, pero ya no me interesa porque para mí, todo es subjetivo. La memoria también está teñida por la vanidad. Ahora la muerte está sentada en una silla cerca de mi mesa, esperando, pero todavía me alcanza la vanidad no solo para enrrojecerme las mejillas cuando vienen visitas, sino también para escribir en este blogspot. -
No me dejó hablar, me tomó en sus brazos con tanta urgencia, que sin más me tapó la boca con la suya. Entonces me di cuenta que yo también había esperado ese momento desde hacía mucho tiempo. Me aferré a su cintura y le devolví el beso con una pasión que llevaba mucho tiempo dormida o engañada, una pasión que tenía reservada para otro hombre y que clamaba por ser vivída antes de que se me fuera la juventud. Sentí la certeza de su deseo, sus manos en mi cintura, en la nuca, en el cabello, sus labios en mi cara y cuello, su olor de hombre joven, su voz murmurando mi nombre y me sentí plenamente dichosa. -
Mi memoria del pasado remoto es muy vívida y podría relatar paso a paso lo ocurrido en los primeros años, pero no hay tiempo, porque la muerte, esa buena madre, me llama y quiero seguirla, para descansar por fin en brazos de él. Los fantasmas del pasado me rodean, adquieren contornos cada vez más firmes y oigo sus voces susurrando en los corredores de mi casa. No estoy demente, como suelen ponerse los ancianos, todavía soy fuerte y tengo la cabeza bien plantada sobre los hombros. Muchas veces se me pierde & yo la tengo que andar buscando, pero ciertamente estoy con un pie al otro lado de la vida y por eso prefiero escuchar y observar lo que para otros pasa inadvertido. Hay personas que me quieren y se inquietan cuando hablo así, me aconsejan que rece, eso calma el alma, me dicen. Mi alma está en calma, no tengo miedo a morir, no lo tuve entonces, cuando lo razonable era tenerlo, y menos ahora, cuando he vivido de sobra. Tú eres lo único que me retiene en este mundo; Confieso que no tengo ninguna curiosidad alguna por ver a mis nietos crecer, prefiero llevarme el eco de sus risas infantiles. Rezo por costumbre, no por remedio para la angustia. La fé no me ha fallado, pero mi relación con Dios ha ido cambiando con el transcurso de los años. -
A veces pienso que los años me han transtornado el cerebro & las pocas neuronas que van quedando debido al consumo de tantas sustancias tóxicas que han corrido por mi cuerpo y no se puede pasar por alto que es imposible. Sospecho que ando viendo visiones, como una anciana lunática. Pero esas dudas se disipan cuando lo veo pasar por mi lado & oigo su risa, sé que me acompaña, que es capaz de perdonarme todos mis arrebatos sublimes del pasado, presente y futuro y que está más cerca de mí de lo que nunca estuvo antes. Está conmigo.
No puedo comprender lo que me atraía tanto de él. Era un hombre maduro, sin ninguna coquetería, que arrastraba ligeramente sus pies y había perdido la alegría injustificada que lo hacía tan atrayente. No era risueño, tampoco era seductor, ni tierno conmigo; entonces, no había razón alguna para desearlo en forma descomedida y brutal que me sumía, muchas vecees, en el ridículo y en la desesperación, pero no podía, ni tampoco quería, evitarlo. Sus gestos menudos, su tenue olor, la luz de sus ojos, todo (absolutamente todo) en él me gustaba. -