domingo, 23 de agosto de 2009


Sentí un sollozo sacudiéndome entera y luego otro y otro más hasta que me arrastró a una marea incontenible de llanto acumulado. Lloré y lloré, entregada, abandonada, segura en esos brazos como no recordaba haberlo estado desde cuando era menor. Un dique se rompió dentro de mí y ese dolor se desbordó como nieve derretida. Él no me hizo preguntas ni intentó consolarme, me sujetó firmemente contra su pecho, me dejó llorar hasta que se me acabaron las lágrimas. En ese momento yo no tenía explicación alguna, habría tenido que inventarla, pero ahora sé- porque ha ocurrido en otras ocasiones- que al sentirme absolutamente a salvo, abrigada y protegida me da por recordar el tiempo en el que sucumbí a la soledad. Creo que la confianza creó entre ambos un vínculo indisoluble, que nos ayuda a soportar las turbulencias de la vida. Aunque sea un mal necesario, hechizo, me cambie de Canal, juegue con mi cara, pelo, guata :$, sea medio sensible una vez al mes, Lo amo (...)