Me dispuse a celebrar el amor y la complicidad que compartíamos, sin pensar en el futuro, en chismes, verguenza o pecado. Eramos amantes y amigos. Solíamos discutir a gritos, porque ninguno de los dos tenía temperamento manso, pero eso nunca logró separarnos. Él me dio estabilidad. Esa convicción tan profunda de pertenencia; ¿Pertenecerle a alguien? ¿Sabes lo que es no pertenecerle a nadie?. Pero ahora pertenezco a él, a sus brazos. Los primeros días se nos fueron en un suspiro, contándonos nuestro pasado y amándonos en un torbellino, una entrega que nunca alcanzaba a ser suficiente, un deseo demente de fundirnos en el otro. Nada tenía de vulnerable o inocente. Era más bien intimidante, pura energía... Como un ciclón contenido-
Ese hombre sería mío porque así estaba escrito desde el comienzo del mundo. -
Y en nuestras encuentros furtivos me decías que no puedo pensar en ti, que estaba prohibido sentir, que ni siquiera pensara en que te tengo o que podrías tenerme. Y me miras, y sé que estás haciendo el intento por renunciar y de ponerte una venda en tus ojos para no captar lo que está ocurriendo entre nosotros. Y sé que suena ridículo, y me miras a los ojos y me regañas, y al mismo tiempo me proteges, y me vuelves a mirar, y me estremeces, y me comprendes, y me escuchas, y me gustas, y me cuestionas. Me aceptas, y mientras me miras, yo también lo hago, y descubro lo que está pasando. ¿Sabes por qué? Porque siento lo que tú estás sintiendo, cuando te beso la mejilla y tú nervioso, me apartas, te alejas y me sonríes, y me miras y me repites esa negativa rotunda, y me inclino hacia ti y te vuelvo a besar porque no te das cuenta, pero te contradices. Aunque cada vez que puedes me reprochas que en esta relación no puede haber cariño, pero ese beso revela un no te vayas, quedate aquí conmigo, te necesito. Y si pudieras leer esto y te dan ganas de reírte, puedes hacerlo, pero avisame para reirnos juntos y aprovechar esa instancia de sentirte cerca.Aunque te alejes cada día un poco más de mí y sea el principio de algo que no ha empezado (y tampoco nunca lo hará), pero que, sin embargo, ya acabó. Hoy más que ayer te extraño y me siento rara extrañandote, porque aunque no hay nada, lo sentimos todo. -
Solo la proximidad de él me llevaba a extremos insospechados, a hacerme olvidar todas mis preocupaciones. Ese hombre tenía la facultad sobrenatural de borrar con sus besos lo que otros dejaron en mí. Junto a él solo existía el presente. Palpaba su cuerpo, el vello áspero de su pecho, la fuerza de su abrazo, la firmeza renovada de su sexo. La relación con los otros estuvo teñida de rencores acumulados y rechazos involuntarios. La verdad es que no deseo recordar promesas inútiles. Nunca me dijo Te Quiero, sino me gustas, me siento bien a tu lado, quiero hacer el amor contigo. Era pródigo en la cama, ocupado de brindarme alegría, satisfacer mis múltiples caprichos e inventarme nuevas urgencias. -
Siempre me pregunto lo mismo: ¿Qué será morir? ¿Qué habrá del otro lado? ¿Será solo noche y silencio?. Se me ocurre que morir es como una flecha en la oscuridad hacia el firmamento, un espacio infinito, donde deberé buscar a mis seres amados uno por uno que con los años y dependiendo de las circunstancias dejaron el mundo que compartiamos. Me asombra que ahora cuando pienso en la muerte, aún tenga deseos de satisfacer todas mis ambiciones. Debe ser el puro orgullo de querer dejar memoria de mí. Sospecho que en esta vida no vamos a ninguna parte, y mucho menos apurados; Se camina solamente, un paso cada vez sucesivamente, hacia la muerte. -
A decir verdad le temo al compromiso; De hecho, prefiero aferrarme a la silueta de mi amante y dissfrutar los encuentros furtivos con él a la rutina de una vida en común, al cansancio de un matrimonio y a la pesadumbre de envejecer juntos compartiendo las penurias de fin de mes, el mal olor de la boca al despertar, el tedio de los domingos y los achaques de la edad. Le temo a la rutina. -