
Y prefiero pensaar que no te dolerá nada el término de esta historia y también prefiero guardar la esperanza y quedarme con el consuelo de que me recordará pasar fugazmente por su vida. Ese es el camino fácil, el otro es arriesgarme a pensar en lo que podría ser . En algún momento ese deseo femenino de entregarse y sufrir me resultó patético, fue justamente lo que detesté más de mi género, quizás por eso me gustaba tanto estar con él, quién tenía la misma desfachatez para reírse ante los sentimentalismos. Me siento pequeña, sola y vulnerable y me hubiera gustado compartir ese silencio lunar con él. A partir de eso asumo el miedo con ánimo burlón para ahorrarme inquietudes inútiles, me entrego a mis emociones limpiamente, haciendo pleno uso de mi libertad. Pero en mi interior existe un reducto de pudor ante aquellas flaquezas que me resultan intolerables en los demás e inadmisibles en mí. Ese terror descubierto en mi propio espíritu me llena de bochorno e intento ocultarlo. Es un temor profundo, totalitario, que en nada se semeja al susto esencial que enfrenté veces anteriores y del cuál me defendía con risa. No finjo valor ante aquellos espantos simples. Sin embargo me averguenza ese sentimiento nuevo adherido a mi piel y es hora de que deje de divagar y escriba algo concreto. Lo concreto es: Por hoy necesito que estés aquí para que me reconfortes con un abrazo. -

No hay comentarios:
Publicar un comentario