sábado, 18 de abril de 2009

Desde que puedo recordar, me ha atormentado la misma pesadilla. Las imágenes de ese sueño pertinaz se quedan conmigo durante horas, malográndome el día y el alma. Siempre en la misma secuencua: Camino por las calles vacías de una ciudad muchas veces desconocida y exótica, voy de la mano de alguien cuyo rostro nunca logró vislumbrar, sólo veo sus piernas. Mi pesadilla es blanco y negro, silenciosa e inapelable, tiene una cualidad eterna. Supongo que ya poseo suficiente información para conocer las claves de su significado, pero no por eso ha dejado de atormentarme.
Por culpa de mis sueños, soy diferente, como esa gente que a causa de un mal nacimiento o deformidad debe realizar un esfuerzo constante para llevar una vida normal. Ellos lucen marcas visibles, la mía no se ve, pero existe, puedo compararla con ataques de epilepsia, que asaltan de repente y dejan una estela de confusión.
Nada me garantiza un sueño apacible, salvo la buena compañía. Dormir abrazada es, hasta ahora, el único remedio seguro.
Debería buscar un hombre, como me aconseja todo el mundo, me río cuando mis amigos me miran con lástima, porque sé que envidian mi independencia.
No estoy sola, tengo un amor secret, sin ataduras, ni condiciones, motivo de escándalo en cualquier parte, pero sobre todo aquí, donde me tocó vivir.
Me gustaría tener hijos, eso sí, pero he aceptado finalmente que nunca seré madre ; soy fértil en otros aspector. Pero no corresponde hablar de los hijos que no tendré o de mi amante. -

No hay comentarios:

Publicar un comentario