
Solo la proximidad de él me llevaba a extremos insospechados, a hacerme olvidar todas mis preocupaciones. Ese hombre tenía la facultad sobrenatural de borrar con sus besos lo que otros dejaron en mí. Junto a él solo existía el presente. Palpaba su cuerpo, el vello áspero de su pecho, la fuerza de su abrazo, la firmeza renovada de su sexo. La relación con los otros estuvo teñida de rencores acumulados y rechazos involuntarios. La verdad es que no deseo recordar promesas inútiles. Nunca me dijo Te Quiero, sino me gustas, me siento bien a tu lado, quiero hacer el amor contigo. Era pródigo en la cama, ocupado de brindarme alegría, satisfacer mis múltiples caprichos e inventarme nuevas urgencias. -

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