No me dejó hablar, me tomó en sus brazos con tanta urgencia, que sin más me tapó la boca con la suya. Entonces me di cuenta que yo también había esperado ese momento desde hacía mucho tiempo. Me aferré a su cintura y le devolví el beso con una pasión que llevaba mucho tiempo dormida o engañada, una pasión que tenía reservada para otro hombre y que clamaba por ser vivída antes de que se me fuera la juventud.
Sentí la certeza de su deseo, sus manos en mi cintura, en la nuca, en el cabello, sus labios en mi cara y cuello, su olor de hombre joven, su voz murmurando mi nombre y me sentí plenamente dichosa. -
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