jueves, 26 de febrero de 2009

La muerte, esa buena madre. -


Mi memoria del pasado remoto es muy vívida y podría relatar paso a paso lo ocurrido en los primeros años, pero no hay tiempo, porque la muerte, esa buena madre, me llama y quiero seguirla, para descansar por fin en brazos de él. Los fantasmas del pasado me rodean, adquieren contornos cada vez más firmes y oigo sus voces susurrando en los corredores de mi casa. No estoy demente, como suelen ponerse los ancianos, todavía soy fuerte y tengo la cabeza bien plantada sobre los hombros. Muchas veces se me pierde & yo la tengo que andar buscando, pero ciertamente estoy con un pie al otro lado de la vida y por eso prefiero escuchar y observar lo que para otros pasa inadvertido. Hay personas que me quieren y se inquietan cuando hablo así, me aconsejan que rece, eso calma el alma, me dicen. Mi alma está en calma, no tengo miedo a morir, no lo tuve entonces, cuando lo razonable era tenerlo, y menos ahora, cuando he vivido de sobra. Tú eres lo único que me retiene en este mundo; Confieso que no tengo ninguna curiosidad alguna por ver a mis nietos crecer, prefiero llevarme el eco de sus risas infantiles. Rezo por costumbre, no por remedio para la angustia. La fé no me ha fallado, pero mi relación con Dios ha ido cambiando con el transcurso de los años. -

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