Me miro al espejo y parezco un fantasma deslucido descansando en la poltrona de alguna terraza. Ciertamentee parezco un alma de otro tiempo, hablando sola, masticando el aire, tal vez recordando años lejanos e que todo era de otro color o buscando en mi memoria los nombres de antiguos contertulios.
Y el recuerdo de mi pasado es como internarse en un laberinto y a veces, no consigo reconocer un lugar, un suceso o un ser querido y situarlo en la niebla.
Como consuelo no quiero perder nunca mi inagotable imaginación, entretenida en mis propias fantasías carezco de tiempo y ánimo para ocuparme de las pequeñeses de la existencia.
En mis recuerdos no hay caos, los almaceno en perfecto orden y soy feliz hurgándolos. En este aspecto tengo mejor suerte que los ancianos, a quienes la falta de memoria borra episodios del pasado y crea el pánico de no haberlos vivido. -

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