sábado, 28 de febrero de 2009


Echaba de menos sus manos, su olor, su espalda fuerte, su cabello en la nuca, sus caricias, el roce de su barba, el soplo de su aliento en mis orejas cuando estabamos juntos en la oscuridad. Era tanta la necesidad de estrecharlo. Definitivamente, hoy no ha sido un buen día para mí. Supongo que presentí la desgracia, pero no la formulé en palabras por orgullo. No quise que nadie me viese humillada. No lloré, porque en realidad no sentía tristeza. Era un sentimiento ajeno a mí, bordeaba lo patético y es posible que nadie más que yo lo hubiese entendido. Resulta dificil comprender lo que me pasa. Dormí para no pensar tanto y desperté con el estomágo revuelto y el pensamiento confuso. -

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