sábado, 28 de febrero de 2009

Ahora solo quiero apoyar la cabeza en tu hombro y rogarte que me cobijes, como se supone que hacen los hombres con las mujeres cuando realmente las quieren. Nunca habría admitido ese anhelo que me ampares y me protejas ¡Qué absurdo! Imagínate, esto contradice toda una vida de feminismo. -

No hay comentarios:

Publicar un comentario