Ahora solo quiero apoyar la cabeza en tu hombro y rogarte que me cobijes, como se supone que hacen los hombres con las mujeres cuando realmente las quieren. Nunca habría admitido ese anhelo que me ampares y me protejas ¡Qué absurdo! Imagínate, esto contradice toda una vida de feminismo. -
No hay comentarios:
Publicar un comentario